viernes, 29 de febrero de 2008

215_I Viernes musical Miguel Bosé

Han pasado treinta años y todavía no he descubierto el mecanismo autístico-sentimental con el que me atrapó Miguel Bosé








miércoles, 27 de febrero de 2008

214_ALTO DEL SOL

Los alisios
nos moldean
para ser dunas.

Éxodo de arena
hacia otros desiertos.

Caminamos y caminamos
pero siempre somos
el mismo.

(Ángel Gracia)

lunes, 25 de febrero de 2008

213_El sonido Motown

CARLES GÁMEZ

BABELIA - 23-02-2008
Motown, music, money, sex and power". Así resumía el escritor Gerald L. Posner la historia del totémico sello discográfico en su crónica biográfica. El pasado día 10, su creador y alma máter, Berry Gordy, recibió un premio honorífico a su carrera como productor en la entrega de los Grammy. Entre los músicos de su escudería que lo acompañaban esa noche se encontraban Stevie Wonder, Smokey Robinson y Eddie Holland, pero se echaron en falta en la fiesta dos nombres destacados del firmamento Motown que hicieron su carrera bajo su producción: Michael Jackson y, sobre todo, Diana Ross.
Ausencias aparte, el Grammy abrió el calendario conmemorativo de los primeros cincuenta años de la marca discográfica que puso la música negra, el soul, a la altura de los Beatles en números uno y ventas y dejó para la posteridad un sonido, Motown, y un índice de canciones que, aunque sonaran como "si hubiesen sido compuestas por una computadora", en palabras del legendario Nick Cohn, reconocía su cualidad de "clásicos del pop". Después de que Chuck Berry y Little Richard se encargaran de dejar constancia de que el rock and roll también era cosa de negros, para algo la madre del cordero, el rhythm and blues, era materia prima de los chicos de color, y Ray Charles se convirtiera en el nuevo héroe de la América, del Rey Kennedy y sus Caballeros de la Tabla Redonda, Berry Gordy puso en marcha los motores de las turbinas melódicas de su ciudad natal, Detroit, y se lanzó a la conquista del sueño americano con unos cuantos dólares que le prestó su familia. Un sueño que pasaba por conquistar los oídos del público joven y blanco, que al fin y al cabo eran los que podían gastarse el dinero comprando sus discos. El éxito llamó a su puerta y el cartero no tuvo necesidad de llamar dos veces. Please Mr Postman fue un éxito en las voces de The Marvelettes y su primer número uno. Beatles y Carpenters también dejarían sus huellas sobre la canción.
Su escudería comenzaba a funcionar a ritmo de autores como Smokey Robinson, que cambió su carrera de ingeniero electrónico por la del compositor y se convierte en mano derecha de Gordy y uno de los puntales de la casa. Los tres mosqueteros, Eddie y Brian Holland y Lamont Dozier, por su parte, se entregaron en cuerpo y alma a escribir las páginas de oro y platino de la casa y una buena parte de sus números uno. Ritmo pegadizo y una potente base rítmica -imposible no mover los pies a las primeras de cambio- y unos estribillos pegajosos sirvieron de base para señalar durante casi una década éxito tras éxito las listas de ventas. La fórmula comercial de Gordy no era para los seguidores del Festival de Newport sino para los espectadores de cada semana del show de Ed Sullivan. La gran ocasión llega con un trío juvenil llamado The Primettes que cambiarán por el más potente, The Supremes. De las tres, Diana Ross es la que destaca por su físico y voz de gatita sexy ejerciendo sus condiciones de líder desde el centro del terceto. Chicas de oro para la Tamla, Gordy hará de ellas el conjunto preferido de la América blanca que descubre por fin un grupo de color que no sudaba en escena y que tienen el buen gusto de una Jackie Kennedy vistiendo. La historia del trío, como suele ocurrir muy a menudo en el espectáculo, acabará haciendo agua y Diana Ross, después de poner una temporada su nombre por delante del grupo, acaba independizándose para convertirse en diva al gusto de Las Vegas. Peor suerte corrió Florence Ballard, una de las componentes del grupo a la que le tocaría escribir la cara b de la historia de The Supremes. Una crónica que, aunque mucho más edulcorada, ha servido de punto de partida para el musical Dreamgirls, después trasladado a la pantalla con Beyoncé como reencarnación plastificada de Diana Ross. Seguramente a causa de esta licencia musical perpetrada por los autores del musical y que no ha acabado de dejar muy tranquilo al patriarca Gordy, éste, aprovechando los fastos conmemorativos de la Motown, se prepara para realizar su propia historia y comedia musical. Composiciones desde luego no le van a faltar a la hora de rellenar este libreto y, por supuesto, historias con alma, corazón y vida tampoco, aunque se cuidará de incluir los momentos más dolorosos reservados para los futuros dramaturgos que quieran escribir la crónica más oscura de la casa. Y desde luego material tienen, empezando por una de sus estrellas más vigorosas, Marvin Gaye, que después de recorrer todos los peldaños de la industria y la música acabaría sacrificado por su padre por culpa de su lascivia. Afortunadamente, Marvin Gaye ya había dejado algunos de los fragmentos musicales más intensos de la discográfica y coronado por What's going on, piedra angular del sonido soul, y de la música popular de la segunda mitad del siglo XX. Sin duda su figura merecerá un lugar destacado entre los protagonistas de los eventos que Berry Gordy se propone realizar para celebrar la marca, como una película documental y ediciones discográficas, que en todos estos años no han dejado de aparecer en el mercado, así como diferentes DVD recogiendo las actuaciones y programas de televisión más significativos de los intérpretes de la casa. En 2004, editado por Hiposelect Universal y Motown, apareció el primer cofre con los discos de 45 revoluciones publicados por la editora, una edición que ha continuado en sucesivos volúmenes y que contiene, entre otras perlas, versiones alternativas, promociones, rarezas no publicadas hasta entonces. Entre los protagonistas de esta efeméride, Motown 50 -así es como se titula el primer CD de promoción-, se cuenta con un posible revival de los Jackson Five ahora que Michael Jackson ya no vive en el País de Nunca Jamás y que ni el aniversario de Thriller ha conseguido recordarnos cuando tenía la piel más oscura y productores como Quincy Jones a su servicio. En sus momentos áureos como grupo infantil-juvenil, Jackson Five rivalizó con Bugs Bunny como personaje de animación.
A diferencia de otros sellos negros como Stax, que también acaba de celebrar su medio siglo de vida, la Motown y el ojo negociante de Berry Gordy supo olfatear las posibilidades de un mercado juvenil y blanco para sus artistas y canciones. Para algo le gustaba etiquetar su sonido como el de la "joven América". En la calle, los defensores de los derechos civiles se encaminaban hacia el Capitolio, pero en la radio y la televisión lo que se quería escuchar eran bailables canciones de amor o románticas baladas de desamor. Pero las cosas no siempre eran tan previsibles y cuando Martha Reeves & The Vandellas -representantes del soul más jondo- se pusieron a cantar Dancing in the streets, una canción compuesta por Marvin Gaye y Mickey Stevenson, más de uno entendió que aquello era una llamada a la insurgencia y la banda sonora de los motines callejeros que se produjeron en varias ciudades americanas a causa de disturbios raciales. Pero el sueño de Gordy no era ver que sus artistas acabasen mártires como los Black Panthers sino triunfar en las elegantes salas de fiesta y hoteles del Strip de Las Vegas, y desde luego lo consiguió. Encaminó sus objetivos en los años setenta hacia la televisión y Hollywood. Y a Diana Ross hacia la interpretación cinematográfica ni más ni menos que en un biopic sobre la diva del blues Billie Holiday que provocó más de un corte de digestión entre los seguidores del jazz. Diana había hecho suyo el título de su canción Ain't not mountain high enough y para su segunda intervención, Mahogany, hasta Berry Gordy hizo las veces de director.
En estos cincuenta años de actividad musical, el catálogo de la Tamla Motown ha reunido un menú de infarto con nombres como Temptations, que gracias a un productor como Norman Whitfield dejará sus sonidos más aterciopelados para descubrir su lado más enérgico en la pista de baile. Otro tanto hará con Marvin Gaye y un caramelo como I heard it through The Grapevine. Sumemos más nombres: Stevie Wonder, The Isley Brothers, Smokey Robinson and The Miracles, Four Tops, Commodores... Por supuesto que esta lista se merecía un museo, que ya lo tiene. Y una celebración, que en eso estamos. -

lunes, 17 de diciembre de 2007

212 dioses y monstruos

Mis viejos profetas


Carlos Boyero

BABELIA - 27-10-2007
Es complicado mantener fidelidad inquebrantable a los dioses y mantener a raya obsesivamente a los monstruos. Entre otras razones porque a veces te confunden. Los dioses pueden ser caprichosos, decepcionarte y abandonarte y los monstruos de primera clase transformar tu ancestral aversión hacia ellos en inquietud y comprensión. Los agnósticos racionales y vocacionales, los que padeceremos la incapacidad y el desamparo de no poder ni querer militar en ninguna iglesia, los que necesitamos palpar para creer, los que no depositamos nuestra fe y nuestra esperanza en ningún más allá, en el paraíso, en el eterno río de leche y miel, endulzamos nuestra vida o afianzamos la supervivencia en esas obras de arte que son buenas para el alma. En libros, cine y música que ahuyentan al vértigo, consuelan, ayudan, cicatrizan, drogan, enseñan, distraen, deslumbran, emocionan y enamoran.

jueves, 6 de diciembre de 2007

211_ no nos protege

JESÚS RUIZ MANTILLA entrevista a Jonathan Littel el 27/10/2007 en Babelia

P. Una de las conclusiones que se pueden sacar en este aspecto es que no podemos sentirnos seguros ni siquiera acorazados por la cultura.
R. Desde luego. Sólo los ingenuos pueden creer que la cultura te ayudará a ser majo.
P. ¿Ni eso nos vale?
R. La cultura no nos protege de nada. Los nazis son la prueba. Puedes sentir una admiración profunda por Beethoven o Mozart y leer el Fausto, de Goethe, y ser una mierda de ser humano. No hay conexión directa entre la cultura con C mayúscula y tus opciones políticas.

martes, 27 de noviembre de 2007

210_POR LA LECTURA

Daniel Rabanque y Patricia Shelly me han enviado a través del correo electrónico el siguiente texto de José Luis Sanpedro:


POR LA LECTURA

Cuando yo era un muchacho, en la España de 1931, vivía en Aranjuez un Maestro Nacional llamado D. Justo G. Escudero Lezamit. A punto de jubilarse, acudía a la escuela incluso los sábados por la mañana aunque no tenía clases porque allí, en un despachito que le habían cedido, atendía su biblioteca circulante. Era suya porque la había creado él solo, con libros donados por amigos, instituciones y padres de alumnos. Sus "clientes" éramos jóvenes y adultos, hombres y mujeres a quienes sólo cobraba cincuenta céntimos al mes por prestar a cada cual un libro a la semana. Allí descubrí a Dickens y a Baroja, leí a Salgari y a Karl May.
Muchos años después hice una visita a un bibliotequita de un pueblo madrileño. No parecía haber sido muy frecuentada, pero se había hecho cargo recientemente una joven titulada quien había ideado crear un rincón exclusivo para los niños con un trozo de moqueta para sentarlos. Al principio las madres acogieron la idea con simpatía porque les servía de guardería. Tras recoger a sus hijos en el colegio los dejaban allí un rato mientras terminaban de hacer sus compras, pero cuando regresaban a por ellos, no era raro que los niños, intrigados por el final, pidieran quedarse un ratito más hasta terminar el cuento que estaban leyendo. Durante la espera, las madres curioseaban, cogían algún libro, lo hojeaban y veces también ellas quedaban prendadas.
Tiempo después me enteré de que la experiencia había dado sus frutos: algunas lectoras eran mujeres que nunca habían leído antes de que una simple moqueta en manos de una joven bibliotecaria les descubriera otros mundos. Y aún más años después descubrí otro prodigio en un gran hospital de Valencia. La biblioteca de atención al paciente, con la que mitigan las largas esperas y angustias tanto de familiares como de los propios enfermos fue creada por iniciativa y voluntarismo de una empleada. Con un carrito del supermercado cargado de libros donados, paseándose por las distintas plantas, con largas peregrinaciones y luchas con la administración intentando convencer a burócratas y médicos no siempre abiertos a otras consideraciones, de que el conocimiento y el placer que proporciona la lectura puede contribuir a la curación, al cabo de los años ha logrado dotar al hospital y sus usuarios de una biblioteca con un servicio de préstamos y unas actividades que le han valido, además del prestigio y admiración de cuantos hemos pasado por ahí, un premio del gremio de libreros en reconocimiento a su labor en favor del libro.
Evoco ahora estos tres de entre los muchos ejemplos de tesón bibliotecario, al enterarme de que resurge la amenaza del préstamo de pago. Se pretende obligar a las bibliotecas a pagar 20 céntimos por cada libro prestado en concepto de canon para resarcir -eso dicen- a los autores del desgaste del préstamo. Me quedo confuso y no entiendo nada.
En la vida corriente el que paga una suma es porque:
a) obtiene algo a cambio.
b) es objeto de una sanción.
Y yo me pregunto: ¿qué obtiene una biblioteca pública, una vez pagada la adquisición del libro para prestarlo? ¿O es que debe ser multada por cumplir con su misión, que es precisamente ésa, la de prestar libros y fomentar la lectura?
Por otro lado, ¿qué se les desgasta a los autores en la operación?
¿Acaso dejaron de cobrar por el libro vendido?
¿Se les leerá menos por ser lecturas prestadas?
¿Venderán menos o les servirá de publicidad el préstamo como cuando una fábrica regala muestras de sus productos?
Pero, sobre todo: ¿Se quiere fomentar la lectura?
¿Europa prefiere autores más ricos pero menos leídos?
No entiendo a esa Europa mercantil.
Personalmente prefiero que me lean y soy yo quien se siente deudor con la labor bibliotecaria en la difusión de mi obra.
Sépanlo quienes, sin preguntarme, pretenden defender mis intereses autocargándose a las bibliotecas. He firmado en contra de esa medida en diferentes ocasiones y me uno nuevamente a la campaña.
¡NO AL PRÉSTAMO DE PAGO EN BIBLIOTECAS!

José Luis Sampedro

209_z

jueves, 22 de noviembre de 2007

lunes, 12 de noviembre de 2007